Por todas las chucherías que nos regalabas cuando venías a casa.
Por todas esas partidas de parchís.
Por todas esas tardes de sol, sabor a naranja y sonidos de trenes.
Por todos esos sábados por la tarde con merienda y películas de dibujos.
Por todas esas navidades haciendo crecer nuestra ilusión. Navidades que ya no son lo mismo.
Por todos esos veranos de montaña, paella, piñas y piscina.
Por todos esos recreos detrás de la barra y por todos los largos días de bar en la cocina.
Por todos estos recuerdos y muchos más que hacen que siempre te recuerde.
Porque no eras una tía... eras LA tía.
Felicidades.
20 de diciembre de 2011
13 de diciembre de 2011
Mi pelotita azul
Cuando somos pequeños nuestra fascinación por un juguete (un muñeco, un coche, un osito de peluche sin el que no podemos dormir...) puede llegar a ser enorme y aunque no recordemos si nosotros llegamos a tener algo así cuando vuelven a haber niños cerca se observa perfectamente.
Yo nunca he tenido un muñeco al que idolatrar ni peluches con los que compartir mi cama, sin embargo y antes de empezar el cole (teniendo unos 2-3 años) tenía una pelotita azul que lo era todo para mí. Mi madre la guardaba en el cajón de la mesita y todas las noches antes de dormir se la pedía para dormirme con ella entre las manos. Era una pelotita totalmente azul de esas que botan mucho y era en ese entonces mi mayor tesoro, un tesoro que se perdía entre mis sábanas y que mi madre se encargaba de encontrar para volver a dármelo la noche siguiente.
Un día decidí llevar mi preciado tesoro a la guardería. Recuerdo que tenía un patio trasero donde había arena, toboganes, algún que otro columpio... sin embargo la calidad de esas atracciones era tan mala que tuvieron que cerrar esa zona para arreglarla. Ese fatídico día salimos al patio de atrás y me acompañaba mi pelotita azul. No recuerdo a que nos dedicábamos exactamente solo se que cuando pasaba un avion todos le decíamos adiós como locos pero ese día yo tenía algo más importante. Saqué mi pelotita azul de mi bolsillo y empecé a jugar con ella haciéndola botar poco para no perderla de vista. Entonces, en un golpe fuerte mi pelotita azul botó por encima de la pared que nos separaba de la zona de juegos en reconstrucción y se perdió para siempre. Recuerdo llorar, recuerdo querer saltar y recuerdo querer que alguna de las cuidadoras pasara para recuperar mi preciado tesoro pero nadie hizo nada. Mi tesoro quedó enterrado en la arena para siempre. Quizás algún otro niño la recuperó o quizás siga bajo tierra esperando a que llegue mi madre a rescatarla para que me la de alguna noche.
Muchos años después en unas vacaciones familiares sacamos unas pelotitas parecidas de las típicas máquinas de juguetitos y gracioso destino que yo saqué una pelotita azul. Bueno, no es del todo azul pero desencadenó en mi una serie de recuerdos que mi madre también mantenía. Lo pasé muy mal con la pérdida de mi pequeño tesoro y sobretodo con la negativa de las cuidadoras de buscarla, ni siquiera hicieron el esfuerzo. Creo que es un trauma de mi infancia.
¿Quién sabe como ha podido repercutir la pérdida de mi pequeño gran tesoro en mi desarrollo?
Yo nunca he tenido un muñeco al que idolatrar ni peluches con los que compartir mi cama, sin embargo y antes de empezar el cole (teniendo unos 2-3 años) tenía una pelotita azul que lo era todo para mí. Mi madre la guardaba en el cajón de la mesita y todas las noches antes de dormir se la pedía para dormirme con ella entre las manos. Era una pelotita totalmente azul de esas que botan mucho y era en ese entonces mi mayor tesoro, un tesoro que se perdía entre mis sábanas y que mi madre se encargaba de encontrar para volver a dármelo la noche siguiente.
Un día decidí llevar mi preciado tesoro a la guardería. Recuerdo que tenía un patio trasero donde había arena, toboganes, algún que otro columpio... sin embargo la calidad de esas atracciones era tan mala que tuvieron que cerrar esa zona para arreglarla. Ese fatídico día salimos al patio de atrás y me acompañaba mi pelotita azul. No recuerdo a que nos dedicábamos exactamente solo se que cuando pasaba un avion todos le decíamos adiós como locos pero ese día yo tenía algo más importante. Saqué mi pelotita azul de mi bolsillo y empecé a jugar con ella haciéndola botar poco para no perderla de vista. Entonces, en un golpe fuerte mi pelotita azul botó por encima de la pared que nos separaba de la zona de juegos en reconstrucción y se perdió para siempre. Recuerdo llorar, recuerdo querer saltar y recuerdo querer que alguna de las cuidadoras pasara para recuperar mi preciado tesoro pero nadie hizo nada. Mi tesoro quedó enterrado en la arena para siempre. Quizás algún otro niño la recuperó o quizás siga bajo tierra esperando a que llegue mi madre a rescatarla para que me la de alguna noche.
Muchos años después en unas vacaciones familiares sacamos unas pelotitas parecidas de las típicas máquinas de juguetitos y gracioso destino que yo saqué una pelotita azul. Bueno, no es del todo azul pero desencadenó en mi una serie de recuerdos que mi madre también mantenía. Lo pasé muy mal con la pérdida de mi pequeño tesoro y sobretodo con la negativa de las cuidadoras de buscarla, ni siquiera hicieron el esfuerzo. Creo que es un trauma de mi infancia.
¿Quién sabe como ha podido repercutir la pérdida de mi pequeño gran tesoro en mi desarrollo?
27 de noviembre de 2011
Ayer se fue a dormir una parte de mi.
Ayer se fue a dormir una parte de mi.
Bien tapada hasta el cuello, quieta, tranquila, en silencio.
Un sí con la cabeza fue lo último que me dijo: me veía. Me sentía. Me quería.
Entrelazadas quedaron sus manos aun calientes y
lágrimas y latidos se mezclaban impotentes.
Incrédulos pensamos que nos llamará, incrédulos pensamos que aun está
tan risueña y tan dispuesta a mirarnos o a darnos la mano.
Ayer se fue a dormir una parte de mi que ya no volverá a despertar.
Hasta que nos veamos en mis recuerdos o en mis sueños, ita.
Bien tapada hasta el cuello, quieta, tranquila, en silencio.
Un sí con la cabeza fue lo último que me dijo: me veía. Me sentía. Me quería.
Entrelazadas quedaron sus manos aun calientes y
lágrimas y latidos se mezclaban impotentes.
Incrédulos pensamos que nos llamará, incrédulos pensamos que aun está
tan risueña y tan dispuesta a mirarnos o a darnos la mano.
Ayer se fue a dormir una parte de mi que ya no volverá a despertar.
Hasta que nos veamos en mis recuerdos o en mis sueños, ita.
13 de noviembre de 2011
Su hora
Enredada entre las sábanas y las mantas que cubren toda su cama intenta protegerse del frío que hace fuera pero lo que no sabe es que el frío que no deja de sentir es en realidad una sombra lenta que se le acerca inevitablemente. Con mano temblorosa enciende la lamparilla y sus ojos vidriosos no alcanzan a ver la hora que marca el reloj. Ya no sabe cuantas veces lo ha mirado, ya no sabe que hora marca ni por que la mira. Quizás lo haga porque quiere que ese viejo reloj marque una hora concreta. Su hora.
Pero el reloj no es lo único que llama su atención. Un poco más allá descansa una fotografía que muestra el rostro de una mujer y costándole casi la vida misma intenta incorporarse para tan solo rozar el cristal con la yema de sus dedos.
Está dormida, le han dicho una y otra vez. Pero se fue a dormir sin avisar, se fue a dormir sin despedirse y no sabe adivinar por qué. Sus ojos vidriosos la miran, sus ojos vidriosos parecen hablarle e intenta articular palabra pero no consigue decir nada. Sin embargo su vieja mirada dice mucho más que cualquier palabra. La está llamando, le está pidiendo que venga. Le está pidiendo que despierte de su sueño y que venga con ella. Que venga a por ella.
Pero el reloj no es lo único que llama su atención. Un poco más allá descansa una fotografía que muestra el rostro de una mujer y costándole casi la vida misma intenta incorporarse para tan solo rozar el cristal con la yema de sus dedos.
Está dormida, le han dicho una y otra vez. Pero se fue a dormir sin avisar, se fue a dormir sin despedirse y no sabe adivinar por qué. Sus ojos vidriosos la miran, sus ojos vidriosos parecen hablarle e intenta articular palabra pero no consigue decir nada. Sin embargo su vieja mirada dice mucho más que cualquier palabra. La está llamando, le está pidiendo que venga. Le está pidiendo que despierte de su sueño y que venga con ella. Que venga a por ella.
10 de noviembre de 2011
Monótono
Los nombres de los días ya no tienen sentido, que salga o se ponga el sol me importa poco porque siempre es lo mismo. Todos los días viene y todos los días se va. Todas las noches la misma luna. Más o menos llena pero la misma al fin y al cabo. Que salga el sol o se ponga la luna ya no tiene sentido. Podría perfectamente arrancar las agujas de todos los relojes, podría perfectamente arrancar las hojas de todos los calendarios porque ni las horas ni las semanas tienen sentido ya. ¿Qué más da que lo llames Lunes o lo llames Jueves? ¿Qué más da que lo llames Marzo o lo llames Enero? Siempre es igual. Todo es igual. Un calco perfecto, tan perfecto que agobia. Ya nada tiene sentido. Yo mismo soy un sin sentido.
Un sin sentido que siente que ya nada tiene sentido.
Un sin sentido que siente que ya nada tiene sentido.
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