24 de mayo de 2017

Por si acaso

Hoy he encontrado un papel con tu nombre y tu número de teléfono.
Estaba enterrado en el armario. Como tu.
Había olvidado que estaba ahí.
Como a ti.

Lo guardé por si acaso, y esas tres palabras se convirtieron en mi fe.
Por si acaso me hablabas vivía pendiente del teléfono. Por si acaso nos cruzábamos paseaba por tus calles. Por si acaso asomabas miraba hacia tu balcón. Por si acaso soñaba contigo, dormía.
Pero como cualquiera que espera respuesta de su fe, ésta nunca llegó.
No tuve más remedio que dejar de creer olvidando mi credo como olvidé casi todo de ti.
Vagué infiel sin creer en ti. Sin creer en mi. Oré sin respuesta y lloré sin vergüenza hasta que llegó la revelación: tu no eras mi religión.

Desde entonces no hay plegarias; solo hay acción. Ahora ya no hay credo: ahora hay decisión.
Ahora ya no hay por si acaso; ahora hay un nuevo amor.


Hoy he hecho trizas un papel con tu nombre y tu número de teléfono.

28 de noviembre de 2016

El centro de mi mundo

Se iba noviembre y fuimos valientes.
Empezamos nuestro camino guiándonos por el instinto.

Tus intenciones; mis contradicciones. Pero una noche nos rendimos.
Desde entonces todo es distinto.

Y ahora sé que una parte de mi va con tu ser.
Si te encontré una vez lo volveré a hacer.

Eres el dueño de mis besos, la inspiración para mis versos.
Eres dueño de la sonrisa que el vello de mi cuerpo eriza.
Eres, desde el primer segundo, el centro de mi mundo.

Te marchas lejos. Me invade el miedo. Pero mi corazón viaja contigo.
Siento que ya no estoy perdido.

Te abrazo fuerte. Te siento cerca y mi corazón late sereno.
Implora que seamos eternos.

Y ahora sé que una parte de ti va con mi ser.
Si me encontraste una vez, lo volverás a hacer.

Eres el dueño de mis besos, la inspiración para mis versos.
Eres dueño de la sonrisa que el vello de mi cuerpo eriza.
Eres, desde el primer segundo...

El centro de mi mundo.

20 de septiembre de 2016

El maestro aprendiz

A veces pienso en lo curioso que resulta que me dedique a enseñar cuando a mi todavía me queda mucho por aprender.

Pienso en todas y cada una de las experiencias que he vivido como maestro y en lo que ello me ha aportado como persona. Pienso en mi primera vez descubriendo una ciudad que no era la mía cargado con una maleta, valor y un corazón roto.
Pienso también en la que de momento ha sido mi última vez redescubriendo mi ciudad esta vez sin maleta pero sí con valor y con un corazón más sabio, temeroso al principio pero definitivamente sanado y dispuesto a todo.
Y es que durante estos tres años de experiencias he aprendido tantas cosas que me abruma la idea de poder concretar todo ese aprendizaje porque me resulta imposible. No soy consciente de todo lo que he aprendido pero sé que lo llevo dentro de mí. Lo siento.

Y siento también que me falta todavía tanto por aprender que seguro es más de lo que podría llegar a enseñar jamás. Sin embargo, esa idea no me abruma porque sé que poco a poco todo lo que aprenda formará parte de mi y como ahora, sin ser consciente de ello, podré seguir descubriendo y redescubriendo ciudades, con o sin maletas pero siempre con valor. Y con el corazón.


21 de marzo de 2016

Tiempos verbales

Viejos momentos convertidos en palabras.
Personas pasadas perdidas entre lineas que no sé si llegaron a encontrarse.

Nuevos momentos por convertir.
Personas presentes con las que perderme entre lineas, ojalá, sin punto final.

Futuro por redactar.


20 de agosto de 2015

Lobo de mar

Hace un tiempo descubrió que era lobo, que aun en manada su espíritu sentía la llamada de la soledad nocturna y que su alma rota buscaba alcanzar la pálida paz de la luna con cada aullido desgarrado.
Guiado por el instinto ese lobo avanzó, creció, aprendió y descubrió el mundo más allá de las colinas caminando entre las nubes y dejando sus huellas sobre el terreno que durante un tiempo fue suyo.
Pero hace poco volvió a sentir esa extraña llamada que le invitaba a descubrir algo nuevo de sí mismo.
Había llegado a un lugar donde el cielo llegaba hasta las orillas, donde un viento valeroso golpeaba agua y rocas a la vez y donde se intuía una paz que solo había sentido mirando al cielo y fue allí donde el azul invadió su espíritu salvaje con serenidad descubriéndole que el mar era algo que nunca más le debía faltar.